martes, enero 28

Aduana de palabras

No es de las que escribe cuando siente demasiadas emociones hirviendo en su interior. Prefiere la confrontación directa, si es que hay con quien dialogar. Si la otra persona está ausente, entonces graba un audio con todo lo que diría de poder platicar.  Suele funcionar para ella.

¿Hacer recuento de sus crisis mentales? no, gracias. Dirá simplemente que no recuerda la última vez que no funciono. Sólo sabe que ahora, frente al espejo, la grabadora corriendo, el nudo latiendo en su garganta, la respiración errática y nadie está hablando. Las palabras no salen, el sentimiento se la está comiendo y no la quiere soltar. Toma aire como para alejarse del vértigo, sólo que este la agarra del cuello y le pregunta a dónde cree que va. 

1:00
2:00

"Dos minutos y no consigo decir algo. Empecé a grabar porque había pensado exacto lo que te diría si vinieras a verme, o si me hablaras de alguna manera, así fuese escrita. Pienso que preguntarías cómo he estado y si te he extrañado. Me darías en la madre, porque no quiero decirte otra vez te extraño, me haces falta. Sería un golpe noqueador y yo, desde el suelo, únicamente diría que no tienes derecho a preguntar eso, pues lo he dejado en claro. Tus opciones serían reírte, besarme, quedarte callado, o todas las anteriores en una sola. Espero no preguntes... no sé, cosas tontas. Creo... incluso todas esas opciones demostrarían que me conocías más hace  meses que ahora. No sé de quién es la culpa. A veces siento que nunca debí decirte cómo me sentía. Ni un te extraño, te quiero... etcetera... Todo lo que tú hiciste, que fue básicamente ser tú, hicieron que me animará a quererte, directamente y no con medias confesiones. Quererte. Quererte. 


4:00, muy poca rabia y muchos Te quiero...". 

martes, enero 21

Un tren de madrugada

La claridad con la que recuerdas todo lo que siguió a la pregunta, hace que te sientas mal de lo poco que recuerdas todo lo que sucedió antes. Estabas triste, mucho. Y no querías preguntar, o no querías la respuesta, o ambas. Empezaste a escuchar a la bandita esa que te hace llorar, pero bonito. Tampoco recuerdas cómo hiciste la pregunta, pero recuerdas la muy sensata respuesta. Agridulce, pero bien pensada. Y de fondo, la canción de los corazones malditos.

Empacaste rápido por un montón de canciones y una sola razón. No querías, sí querías, terminar todo y salir de ahí.

Otra canción fue el abrazo casualidad que nadie te iba a dar. En tu bolsa, muchos dulces, pastillas para el dolor, y agua como si  todavía tuvieras miedo de ahogarte. Saliste buscando un taxi, que no tardó en pasar y casi te ahogas al decir a dónde.

Desde aquí no veo, nada. 
Cruzar  el río, del otro lado, 
yo aquí en el medio, nado o muero.
...
Estás aquí, lejos de mí
pero yo sé, no moriré.

A las 12:00 pm estabas comprando tu boleto. Y cena, aunque no tuvieras hambre.  Te sentías rara, como fuera de lugar, y más viajera, temporal, que nunca. A tu lado un señor con una minilaptop y, en frente, uno que se quedó dormido. Algunas personas esperando, otras llegando solas, y ese muchacho como de tu edad que estaba solo, viendo para todos lados. Te dio más tristeza y lo declaraste el lugar más triste del mundo.

Seguías mensajeando, sonriendo a pesar de las punzadas en tu estómago que, ya sabías, no eran hambre. En ese comedorcito de central de autobuses, escuchando videos musicales que juraste ibas a buscar y ahora es lo único de esas dos horas que no recuerdas. Otra vez el muchacho capta tu atención, porque de repente ya no se ve tan desubicado, y cuando sigues su mirada, descubres que la pareja, ¿novia, amante, amiga con derechos, esposa, cómo saber?, llegó. No corren, pero se apresuran, se abrazan, se besan, te mueres de la envidia y lo declaras el lugar más hermoso del mundo.

Terminas de cenar, mensajeas con unas cuantas personas y todos asumen que estás en tu cuarto, como siempre. Arreglas todo en tu bolsa, tu maleta y tu maletota mientras los señores siguen en el mismo lugar del comedor. Le muestras el boleto al guardia y es simpático, que aún falta un rato para salir, que lo bueno es que te puedes dormir todo el camino. Sonríes amablemente antes de avanzar por la sala de espera, hasta el fondo, cerca de la maquina de muñecos y los conectores para cargar tu teléfono.

Cuando empiezas a escuchar música, va a media canción. Sálvese quién pueeeda.. Volteas a ver a los demás viajeros que esperan. Familias, señoras, jóvenes, soledades concurridas. Has comido demasiados dulces y crees que no podrás dormir mientras envidiadas al señor acostado a un lado de la maquina de muñecos. Te distraes pensando en el juego de los últimos meses, en las expectativas que no deberías tener, pero a veces, te dices, es difícil no hacerlo si todo pinta bien.

Copenhage. Las canciones y las bandas que no quieres asociar con nadie, para nunca dejarlas de escuchar, o para no tener mil recuerdas al hacerlo. Pero aquí estás ahora. Esperando tu autobús, pensando en horas y momentos y, hasta que notas la mirada de un extraño en ti, te das cuenta que estás llorando. El abrazo casualidad llegó con la siguiente canción, al mismo tiempo que el autobús. Agarraste tus cosas, alistaste tu boleto, dijiste "buenas noches" a quien fue necesario, optaste por refresco, ocupaste tu asiento, viste llegar al papá con la niña, sonreíste, avisaste que ya ibas saliendo, suspiraste un montón, te dormiste escuchando "La marea" y despertaste a tiempo para cumplir la estrofa

sueña con despertar, en otro tiempo y en otra ciudad.
Dejarse llevar, suena demasiado bien.
Jugar al azar, nunca saber dónde
puedes terminar, o empezar.

viernes, enero 17

Relaciones enfermizas


El playlist basado en nadie... en específico. La letra de A mi lado y Mi primera combustión me dieron la idea. Se llama relaciones enfermizas, y en mi cronología de playlist, va entre "Romper ventanas" y "Could it be"

Dices que, lo has pensado mejor, que quieres seguir a mi lado... 
"¿de quién te vengabas todo el tiempo que yo estuve a tu lado?"
Mejor decir "fue bueno hasta aquí".

martes, enero 14

Efectos colaterales.

Lo peor de todo cuando "desaprendes" lo aprendido. Cuando vuelves a cometer el mismo error.

Quería decir que lo peor es confiar en la gente, pero hay gente digna de confianza.

Lo segundo peor es cuando una persona te arruina para las demás, o para ti misma, como la culpable de que yo desconfíe paranoícamente de todos. Ya sé, siempre busco culpables, pero es verdad que si no me hubieran mentido por años, siempre con una bandera de ser la persona más honesta, yo no me haría tantas películas en mi mente de que sí, todo mundo miente, engaña, juega dos vidas.

(quiero un paréntesis para decir que lo más poca madre de todo, fue la justificación de que, como yo me entero de todo, entonces está bien mentirme.)

Sigo confiando en poquitas personas, y desconfiando de mí. Todo esta en mi mente inestable ¿no?

miércoles, enero 8

Landscapes

Escena 1. Exterior. De día/temprano en la mañana.
Un malecón, de un lado la calle, con carros pasando esporádicamente; del otro, la playa con gente corriendo. Mujer camina sola, jeans, chamarra deportiva, el cabello despeinado pero sin verse mal, delineador y rímel algo corridos, solo parece que se levantó y salió a dar un paseo, sin pensarlo más. Lleva los brazos al redor de la cintura y va mirando al suelo. Cuando levanta la mirada, ve a una pareja, joven, no más de 20 años, posando un beso para la cámara del celular inteligente. Se detiene, los ve fijamente, ellos ven la foto, se miran, se rían, se besan más naturalmente, sin pose. La mujer sigue viendo, su cara cada vez más triste, es como si estuviera en trance.

Escena 2. Interior, en un café. Tarde.
Misma mujer, en una mesa para dos. En la mesa hay una taza de café casi vacía, un libro, unos lentes oscuros, un teléfono que en ese momento suena.

Vemos a la mujer desbloquear la pantalla y descubrir que se trata de un WhatsApp. Vemos el nombre y la foto del emisor, también un mensaje que  dice “segura que estás bien? Que no pasa nada”. Seguimos viendo el teléfono hasta que la mujer termina de escribir “sí, es lo mejor. Para ambos. Todo bien, no te preocupes”.

La toma se amplia, la mujer se nota que está al borde de las lágrima. Es cuando otra mujer entra al café y la saluda. Intenta fingir pero o es muy difícil o es muy buena amiga. Empieza a llorar y a contar.

Escena 3. Interior, habitación. Tiempo indefinido del día, hay poca luz pero más de la necesaria para observar.
En la habitación hay un escritorio, un pequeño tocador lleno de libros, y un espejo justo enfrente de la cama. En la cama está la mujer, acompañada del emisor de aquel mensaje de la escena anterior. Ambos están desnudos, él la acaricia, ella cierra los ojos cuando le chupan los pechos.

-         ¿Estás bien?

-         Sí.

-         ¿Quieres---

-         Sí. Protección. Sí, sí.

Él se levanta camina dirección al escritorio, ella encuentra su reflejo en el espejo, que la mira extrañada. Cierra los ojos y él vuelve a preguntar qué pasa. Niega con la cabeza, sonríe, lo abraza. Se acuesta y lo atrae hacia ella, esquivando lo que parecía un beso. De nuevo le chupa los pechos mientras se acomoda entre sus piernas y la acaricia con las manos. Sabemos cuándo ha entrado por la cara de ambos, además de un intenso jadeo de su parte. Se quedan un rato en esa posición, acariciando, mordiendo suavemente, moviéndose, gimiendo y jadeando.

-         Me encanta esto.

Ella responde gimiendo en su oreja. Lo detiene, lo ve de frente y parece qe lo va a besar, pero no, sólo se da la vuelta y así, de perrito,

-         ¡ah! Se siente tan…tan genial, tan rico… no puedo…no voy a aguantar mucho…

Con sus pechos moviéndose y sus piernas temblando,

-         ¡mmmm! Aasíi..así, así, así, ahí así.

Terminan al mismo tiempo.

Caen sobre la cama, casi abrazados hasta quedarse dormidos.

Escena 3.5. Interior, misma habitación. De día/muy temprano.
Alarmas suenan, nadie se quiere levantar. Ella lo hace primero pero se queda acostada hasta que él se levanta y se empieza a vestir.

-         A trabajar.

-         Así es. Te llevo a tu casa.

Escena 4. Interior de un carro pasando por el malecón. De día/temprano en la mañana.

-         ¿Me puedes dejar aquí?

-         ¿Aquí?

      - Puedo caminar a casa y ya te vas directo al trabajo. Es buen lugar.

      - Bueno.

Mientras se orilla, no dicen nada, ni se voltean a ver.

-         Te llamo.

-         Bueno. Suerte en el trabajo.


Abre la puerta, se baja, se queda parada viéndolo irse. Suspira. Abrocha su chamarra deportiva y comienza a caminar con la vista hacia el suelo.

jueves, enero 2

Las historias más recordadas del 2013

 fueron las no contadas. O dichas a un selecto publico.

Como el finde de mi cumple, aunque haya un post de eso.

O mi versión de "the foot of a bed" y "It's a small world after all".

Por qué tengo pasaporte, pero no visa.

La historia completa de las despedidas de marzo y mayo.

Gold Rush

Las veces que enserio quise tener un bebé YA.

Número de personas besadas y por qué. Por qué.

Lo que sea que sucedió entre mayo y junio.

El contexto de:
alguien: oye, fulanito y fulanita ya andan (?)
yo: ¿? Pues...que yo sepa ella tiene novio y no es él
a: ah. Es que como que andaban así muy juntitos
yo: ¿?
a: y acá besos y faje.
yo: ah. Pues bien por él.
(y yo supongo nunca sabré si fue cierto)

Quién me quiere comer en guacamole. O algo así.

Lo que sucedió en julio.

Road tripping.

Las notas.

Porque al final de cuentas, realmente nunca quise tener un bebé YA.

Una familia que no es mía.

Los propósitos año nuevo 2013 y qué sucedió.

La "teoría" de las puertas.

People who are on the hook.

San Juan Project.

Mis remedios al insomnio.

One last time and  bonus nite. Y sobre todo los por qué.

No querer ver Doctor who sola.

Vikingos.

Otra familia que no es mía.

La intensidad de mis dolores de cabeza.

Todas las veces que tuve pesadillas.

O las veces que desperté sin recordar haberme ido a dormir.

La vez del "ya te hubieras quedado mejor" y cuando sí se quedó.

La vez que empaqué escuchando Piel Mortero.

Vetusta morla, Copenhague

El lugar más hermoso del mundo, es también el más horrible.

Los viajes que fueron y los que quedaron en "planearemos"

Número de veces que quise escapar.

Número de veces que escapé.