miércoles, abril 15

Cobarde

(Para ser muy, muy justa, quiero primero decir que esta minificción habla de intento de violación, no es gráfica en ese respecto, pero igual yo aviso.) 

Había una vez una jovencita estresada por LOS Finales. Ella vivía a una cuadra del bar hipster bohemio de moda, así que ni lo dudo cuando los amigos habituales, dos hombre y una mujer, la invitaron ahí un viernes. Pensó, unas cervezas, una botana, plática amena, risas y unas horas de no pensar en La Vida.

Ya estando ahí, se tomó el equivalente a una jarra de cerveza, más o menos un litro y un poco más. Sólo un amigo le seguía el ritmo. La otra mujer en la mesa, quien no parecía interesada en estar ahí, preguntó si querían ir a una fiesta, de preparatorianos; los más bebidos preguntaron si había alcohol y si era gratis. Terminaron todo tomando un taxi, haciendo escala en cada del amigo sobrio, vaya usted a saber para qué, y luego tomando otra taxi para llegar a la fiesta, en la que sí había alcohol gratis. Alcohol, un garrafón con poquita agua de sabor, y mucho tequila, o whisky, o ron, o vodka. Por más que la jovencita y los dos amigos tomaron, no identificaron qué estaban bebiendo. La otra mujer realmente desapareció por el resto de la noche.

Vaso en mano y muchas ganas de hacer tonterias, los tres amigos entraron a una habitación en donde se jugaba póquer de prendas. “¡Qué divertido!” dijeron los más bebidos. El otro amigo, no lo consideraba tan buena idea. Tal vez no era póquer, tal vez era manotazo, o el juego de la oca, lo importante es que ya había personas en calzones, personas en calcetines, y que la jovencita de esta historia y su amigo el ebrio, no tardaron en perder camisa y pantalón. Pero era divertido, para él por que alcohol gratis y, para ella porque definitivamente ya no estaba pensando en finales ni en graduaciones.

 No le pregunten a la jovencita que pasó después, les dirá que abrió los ojos en la cama de su amigo, toda la ropa bien puesta y él dormido; volvió a dormir, era un panorama habitual. Tal vez les diga que perdió un suéter y la pantalla de su teléfono, pero no sabe cómo sucedió y sus amigos se quedan muy callados cuando les pregunta.

El amigo ebrio les dirá que ni siquiera él intenta algo con una persona tan claramente totalmente ebria y no consciente, les dirá que la abrazó hasta quedarse dormido pensando en que podría haberla cuidado más. El otro amigo, dirá que por suerte no estaba sola, que más afortunado fue que alguno de los tres siguiera relativamente sobrio, que no sabe si contarle a la jovencita lo cerca que estuvo de violarla un tipo.

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