jueves, abril 30

Anhelos

Hay noches en las que el cansancio es tal que solo quiero dormir. Sin embargo, el sueño desaparece en cuanto mi cabeza toca la almohada. Estoy despierta en medio de un batido de recuerdos e ideas que sólo me hacen llorar. Sigo cansada, así que no pienso en huir, no pienso en realidad. Puedo sentir las lágrimas rodando de mis ojos a mis mejillas, pero no sé por qué lo hacen. Puedo escuchar voces en mi cabeza, ni siquiera parecen hablar de mí. Sobre todas las cosas, siento un cosquilleo en las manos, en los dedos que se estiran buscando, primero, mi teléfono y, segundo, tú número en la agenda. Las opciones son llamar o dejar mensaje. Tú sabes que no lo hago, no tienes llamadas mías en la madrugada, aunque en ocasiones sí tienes mensajes que me gustaría dijeran que quiero hablarte. Tampoco sé qué diría si te hablará, o que dirías tú sí te descubres contestando mi llamada. 
No lo hago, lo sabes. 
No sabes que cada que no lo hago, casi lo hago.

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