domingo, enero 18

Sueños de grandeza

Se quiso comer el mundo y el mundo se lo comió a él. Como los niños pequeños que se distraen fácilmente con cualquier objeto brillante, así lo deslumbraron las fiestas, los carros, el dinero y las mujeres que lo siguen. Quiso hacer de una buena vida, una gran vida y terminó detenido a punta de pistola, con los ojos vendados mientras circulaban por las cales silenciosas de madrugada. Lo dejaron en un cuartillo, con una almohada dura y una sabana apestosa. Hallaba consuelo en pensar que él estaba pagando sus acciones y que su mamá, por ejemplo, estaba a salvo. Así pasó días de hambre, golpes y frío. Pero ninguno tan cruel como cuando le dijeron que esa noche sería libre, a ver si tenía cara para asistir al funeral de su Hermano, saldo último de su deuda.

 A tres meses de encierro, le siguieron dos de exilio autoimpuesto hasta que se acordó de la única amiga a salvo de daño inmediato, por vivir suficientemente lejos de todos. Gracias a ella salió a la calle sin miedo, se río sinceramente e incluso volvió a ver a dos amigas más, en la seguridad del anonimato y las grandes distancias, un riesgo que cada quien decidió asumir. Habló por primera vez en meses, supo que su madre no le guardaba rencor y confirmó que siempre estuvo a salvo 

Finalmente pudo respirar libremente, planear para una vida una tranquila. Una vida que si el mundo no lo engullía de nuevo, ya podía ser llamada una gran vida.

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