martes, julio 22

Primera vez

El primer amor, el príncipe azul. La película en nuestra imaginación, el cuento de hadas esperando ser realizado.

Momento ¿Acaso alguna de esas cosas dura más de tres horas? Todos, hasta los gnomos de jardín, aspirando ser Romeo y Julieta. Adolescentes enamorados, locos. Separados por la familia y de todas maneras jurando amor eterno. Recuerdo que ellos acabaron bien muertos. En verdad ¿Queremos morir por alguien más?

“Haría todo por ti. Te daría mi vida, porque en realidad es tuya. Eres la única luz en mi cielo. Te seguiría hasta el restaurant en el fin del mundo”. Y otras mentiras varias que ellos, y a veces ella, dicen para llevarnos a la cama.

La primera comunión se traduce en la primera vergüenza. Las primeras caricias desesperadas, en el primer dolor. Y ese te lleva al primer paraíso de tu vida. Aunque sea artificial.

Tanto imaginarlo, desearlo y hablarlo con las amigas, para que al final nada, ¡NADA!, sea como lo esperaste. A veces, si tienes pésima suerte, ni siquiera tu compañero.

El protagonista de El Lado Oscuro del corazón, tiene la loca idea de buscar a la que vuela. Podemos interpretar el volar, como los mejores orgasmos de tu vida. Una sincronía, una pasión desmedida. Perder el piso. ¡Abandonar este mundo! No importa nada más que tu pareja y tú. ¿Pasará eso en tu primera vez? Lo más seguro es que no. Y no es desearte el mal, no. Es que si de por sí es difícil encontrar eso, el tipo de la película tiene 30 años, digamos que lleva 15 buscando y nada, no ha encontrado ¡nada! ¿Qué te hace pensar que tu primera vez será todo eso?

Lo más seguro, que hasta la televisión y las películas te enseñan pero tú no te lo quieres creer, es que pierdas la virginidad con un total y completo idiota. Bueno, en el momento no le dices idiota. Lo llamas el amor de tu vida, jurando una y otra vez amarlo mucho. Un mes atrás y ni lo conocías, pero no importa porque estás segura, ¡APUESTAS!, que será tu compañía por todos los años que te quedan de vida. ¿Por qué piensas eso? ha de venir con el paquete de “soy humano y me equívoco 80% de las veces”.

Es que nos gusta enamorarnos. Somos egoístas y queremos sentirnos bien y pensamos que compartiendo la vida, es que lograremos esa sensación de “Yo todo lo puedo, yo soy el mundo”. Yo, yo, yo y la persona que se chingue ¿no? Aplica para el amor y para el sexo, más obvio en uno que en el otro.

Eso sí hay que dejarlo bien en claro, el que no quiere caer, no cae. Dijo Jaime Sabines alguna vez  si a una mujer le gusta un hombre o si a un hombre le gusta una mujer, tarde o temprano sucede lo que tiene que suceder. A veces uno de los dos, el enamorado, el que tiene ganas, se ve en la necesidad de engañar al otro. Palabras bonitas, promesas, lo que quieres escuchar para convencerte que haces bien de acabar ahí donde quieres, y con quien no quieres pero le traes ganas.

¿Alguien quiere pensar que su primera vez será producto vil de las hormonas? No creo. Nos gusta pensar que es el comienzo definitivo de la vida compartida, que no hay vuelta atrás. Disfrutamos confundiendo sexo con amor (o, al menos, deberíamos disfrutar). No lo admitimos, nunca. El sujeto nos corta de tajo la inocencia y nos rompe el corazón, pero seguimos defendiéndolo, para poder defendernos.

29/03/2011

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