martes, junio 3

Justo el punto medio

Me gusta ir a la playa, meterme al mar aunque no sé nadar. Me doy cuenta que no es tan buena idea, a menos que te vayas a quedar en la orilla. Yo camino, me arrastran las olas, me entra agua en la boca, agua con arena, y aunque no fuese mi idea, mi cabello termina mojado. Estoy entre olas, dejo que me lleven de un punto a otro, soy muy ligera, no es difícil. Además, se me olvida que no sé nadar. Tampoco avanzo hasta adentro, solamente hasta ese punto no definido en donde sé que un paso más, y alguien va a recordar que no sé nadar. No lo pienso, es automático. La última vez, algo me hizo una pequeña cortada en las rodillas. No salió sangre y lo noté un día después. En el momento, yo simplemente estaba feliz.

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