viernes, febrero 14

O chingamos los dos, o tú te lo pierdes y yo me lo ahorro.

Por Iveth Laguna

Relación de pareja. Esa etapa que muchas personas anhelan vivir. Hay quienes llegan a idealizar lo que será, olvidándose por un momento que no es algo que pueda decidir uno solo. Pareja. Par. Forzosamente, de dos.
Por supuesto que, antes de formar una pareja se da todo un proceso. Puede ser lento, durar poco tiempo; o, rápido y de larga duración. Nunca se sabe. Uno se enamora, o cree que se ha enamorado, y es cuando comienza la preparación del terreno para revelar nuestros sentimientos.
         
La mayoría de las ocasiones que una pareja cuenta su historia, comienza por relatar cómo es que uno de los dos tomó la iniciativa de declararse. Nada más que para llegar a ese momento, hay toda una historia, más comúnmente unilateral, detrás. Por haber, hay hasta una investigación.
No es que uno se vuelva un experto, ni que la lleve a cabo como enseñan los libros de metodología, pero sí se asegura de cubrir los aspectos importantes: ¿Tiene ya una pareja, y si no lo tiene acaso le gusto yo? Puede ser que lo más importante sea lo segundo, porque de nada servirá que no tenga pareja si no gusta de uno.
Por eso hay que tener la cabeza fría, el corazón controlado, y saber reconocer el momento preciso para expresar nuestros sentimientos, minimizando así, aunque sea muy poco, el riesgo de un rechazo.
Vivimos en una sociedad en la que si sientes algo distinto a felicidad y alegría, el mundo no quiere saberlo. No van a saber manejarlo o van a tener miedo de afectar, inconscientemente, con palabras que para ellos significan poco o nada y que, para la persona en estado de tristeza, pueden significarlo todo.
Por eso, una de las cosas que más nos cuesta hacer es decidirnos a revelarle al objeto de nuestro afecto lo que sentimos por él. Da nervios. Nos atonta. Pasamos de ser los típicos que nunca se callan y siempre saben exactamente qué decir, a ser un facsímil de humano.
No pensamos con claridad, nos trabamos, nos ahogamos con las palabras, hay incluso quienes empiezan a sudar o que caen en el cliché del corazón latiendo a mil por hora mientras sienten que el mundo podría acabarse en ese mismo momento.
Si los humanos no fuésemos tan dependientes de la opinión de otra persona, no nos molestaría tanto el ser rechazados. Hay que aceptarlo. Cuando eso sucede, duele lo mismo el no poder estar con la persona que uno quiere, que el golpe a nuestro ego. Por ello, estas historias suelen no  ser compartidas con el público en general.
En estos tiempos, es posible que si uno tiene éxito en la declaración amorosa, si es aceptado y ha pasado a dejar de ser soltero, lo primero que haga sea publicarlo en dónde todo mundo, su mundo, pueda verlo. Si es rechazado, puede que lo comente con las amistades más cercana y lo más seguro es que añada unas cuentas malas palabras dedicadas a la persona.
En las ciencias exactas, si una investigación dice que el porcentaje de éxito es del 90%, entonces eso es, no hay de otra. En materia del corazón, podemos estar seguros de que la persona siente lo mismo, ya sea por cómo se comporta o por algún amigo que nos asegura saberlo de cierto; y de todas maneras no hay garantía de éxito.
Eso sólo sucede cuando ambas partes ya han hecho totalmente obvio el hecho de que se gustan. Entonces ya no hay preguntas, hay afirmaciones. No es “me gustas” lo que se dice. Se le afirma a la persona “Te gusto, lo sabemos”.
A veces ni eso. Ambos saben lo que el otro siente mediante sus acciones. No hay posibles segundas interpretaciones. Se van dando las cosas hasta que un día, casi sin darse cuenta, ya son novios. Ese tipo de historia no tiene un “cuando se me declaro fue así y así”, pero sí con algo parecido a “hablando presentí gustarle, y pues como yo ya sabía que me gustaba pues aquí estamos, juntos”.
Realmente, no hay fórmula mágica para ninguna de las dos cosas. A menos que puedas leer la mente de tu interés amoroso. Como las posibilidades de que eso suceda son más bien pocas tirando a nulas, no queda de otra más que armarse de valor, así sea durante el segundo y medio que tomar articular las palabras mágicas trágicas musicales de un “me gustas”.

Lo mejor que te puede pasar, es iniciar una relación. ¿Lo peor? Que te respondan con un nada convincente “no soy la persona indicada para ti”. El más aceptado “no siento lo mismo” o el que en realidad no es nada, y por tanto puede que sea el más hiriente “no estoy buscando una relación ahorita”.
Lo más que puede hacer uno es asegurarse de conocer todo lo bien que se pueda a persona e ir dejando pistas de nuestros sentimientos. O muchas indirectas, se vale, más cuando a ti también te las están tirando. En otras palabras, dejar una ventana abierta con nuestros sentimientos en la que nos puedan dejar la indicación de detenernos o seguir. 

Como sea que termine la declaración amorosa, lo importante es no dejar que nos afecte más de la cuenta. Como bien escribió García Marquez en su libro El amor en los tiempos del cólera: “demasiado amor es tan malo para eso como la falta de amor”.


??/02/2011

4 comentarios:

  1. ¡ Ozú !

    Dicharachera estabas IviE.

    Después de los diálogos de Platón, y tal vez del discurso del método de Descartes (cuyo título completo es " Discurso del método para conducir bien la propia razón y buscar la verdad en las ciencias"), no desdeñando tampoco (¡cuidado!) la famosa obra anónima de cientos de páginas (bueno, pergaminos), prácticamente inabarcable su lectura en el desarrollo de una vida humana (y aun suponiendo que el que lo intentase leyese muchas muchas muchas horas todos los días), cuyo título reza "Por qué estamos aquí y cómo llegamos a este punto", pues como te decía IviE, no había leído nunca nada con más enjundia que esta entrada tuya en el blog.

    (Mientras lo leía me decía: ¿Terminará algún día?)

    Je, je.

    No te lo tomes a mal, que es viernes y estoy happy

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    1. jaja fue un trabajo escolar, de esos de "mínimo tantas palabras" y tú ya no sabes ni qué escribir.

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  2. ¿Qué significa "chingamos" en México?

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    1. Tiene varias acepciones. La del titulo es "ganamos".

      en otros contextos puede ser: jodimos, molestamos, cogimos, terminamos, matamos, carajo...

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