miércoles, septiembre 4

Lecciones.

Sobretodo, para Chuy

Le gustaría decir que esto es como lo que vivió en su juventud, aunque si aquello hubiese servido de mucho, esto no sería necesario. Tal vez no sirvió más que para que ellos pudieran decir que hicieron algo, que no se quedaron sentados de brazos cruzados, o discutiendo los problemas sociales mientras tomaban café, o alcohol, o antes de salir a bailar. Pueden criticar todo eso, porque cuando fue su momento, se movieron. No han dejado de moverse.

Tiene 56 años y unos 14 sabiendo que las cosas no van a cambiar, que si esos cambios que se leen utópicos llegan a suceder, será sólo una fachada, la portada de un libro que termina justo como todos los anteriores. Pero no se ha detenido porque... Sería bueno saber por qué. No es inercia, no podría hacerlo tanto tiempo. Y quedarse quieto, no sabe. No se educó para quedarse viendo desde lejos.

También es cierto que se educó, y gran parte de lo que luchó y logró,  muy lejos de donde se encuentra ahora. Otros tiempos, otras ideas; muy distinto a la inerte ciudad que habita hoy en día. Ciudad pequeña que fantasea con ser grande, tener poder adquisitivo y an american way of life. Generalizando, no es campo fértil para los cambios que él, y muchos más, buscan.

Lo mismo decían quienes fueron sus maestros de escuela y de ideología. Todos venidos de lejos a toparse con pared de ignorancia, no de indiferencia. Varios años después, se encontró a varios de ellos, en medio de una huelga de maestros. Ellos sonrieron, y él lo dimensionó mucho después, ya en la ciudad inamovible, cuando en cada pequeña manifestación, son cada vez más los viejos, y nunca llegan a ser muchos jóvenes. Pero le hace ruido que ya hay un grupo, muy pequeño cuyo núcleo es apenas de tres personas, tres de sus ex alumnos. Con ellos alguna vez platico estos temas, invitándolos no a unirse al movimiento, pero sí a pensar por cuenta propia. 

Cerca de su jubilación, pensó en todas esas palabras que muy seguramente se encontraron con oídos sordos. Al menos no se quedó callado, ni se dedicó únicamente a parlotear sin sentido y atacar desde la comodidad de su sala, con un whiskey o ron en mano. Era su consuelo, hasta que comenzó a verlos tomar acciones, formar sus propias creencias. Es posible que no tuviera nada que ver, que haya sido coincidencia y que aún sin sus lecciones, esos jóvenes estarían ahí. No lo sabe, no le importa. Sonríe de saber que, si hay algo creciendo en territorio hostil, entonces puede que algún día, de alguna manera, esos cambios dejen de ser utopías y falsos profetas. 

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