martes, septiembre 24

Belice


Hay eventos sociales que uno no puede eludir, por más que sepa que asistiendo se va a encontrar a ciertas personas sin las que podría seguir viviendo tranquilamente. Termina entonces uno, a media  tarde, hablando con alguien que solía provocar huracanes. Y como uno ya lloró, pataleó e hizo drama, intenta simplemente llevar una plática civilizada hasta el momento en que inevitablemente alguien diga que ya se va.

¡Ah! pero la otra persona hasta parece estar ahí con el único propósito de seguir hablando, no callarse, y aparte, ¡aparte!, querer acercarse más de lo debido. Si en un mundo ideal estás personas no habrían de cruzar camino, estar separados por una mesa, es estar ya muy cerca. ¿estirar el brazo para acariciar el cabello o hacer cosquillas? es una línea que, quien hace tiempo se fue sin mirar atrás, no tiene derecho de cruzar.

Uno termina huyendo de ahí. Casi llorando del coraje, y la tristeza, de saber que todos los ex-amores, más que personas, son boomerangs con efecto retardado. De esos que regresan cuando ya nadie recuerda que fueron tirados.
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*Belice, como la canción de Love of Lesbian "¿no ves que ya no, no me convences?"

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