viernes, junio 7

Contigo.

Alguna vez te enamoraste. Ciegamente confiando en los latidos de tu corazón que ahora iban a la par de los de alguien más. Eras feliz porque también había alguien enamorado de ti, era correspondido quiero decir. No preguntabas, mucho menos cuestionabas, creías todo, la historia rosa, con final feliz y repleta de corazones. Estabas convencido.

Así como no sabes decir cuándo te enamoraste, no puedes precisar el día que dejaste de estarlo. Tal y como suelen ser las cosas, fue un proceso gradual, imperceptible. Quizá porque había días realmente malos en los que nadie te daba un abrazo y prometía todo estaría bien. O tal vez por aquellas promesas de un futuro mejor, que hasta el día de hoy sigues esperando sin esperar.

El vacío que sentiste al reconocer ya no estar embrujado, es el mismo que sentías desde antes. Debió ser la primera señal.  ¿Y después? Después la nada, o parecido. Eso y prometer, jurar, gritar que nunca te volverías a enamorar. ¿Para qué? "no vale la pena", decías. "Nada lo vale".

[Por supuesto que ahora estás enamorado de nuevo. Infiel pero siempre leal* a tu nuevo amor]


*modificación de las muy conocidas líneas de GGM: "Infieles, pero no desleales". Adoro esa frase, tal vez porque la leía  mis 19 años. Quizás, quizás, quizás.

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