jueves, diciembre 27

Naive melody


Después de escribir sobre la primera casa y mudanza me di cuenta que en cada casa dure el mismo tiempo que duraron mis relaciones, lo que al final revela cuánto llevo sin novio. La primera fue el nada con nadie, porque si te vas a ir a otra ciudad es CRUEL, mucho muy, dejar a alguien atado; La segunda, la etapa bonita con Me Apendeja, el como que si vamos a intentarlo que se convirtió en "es mejor que estés con alguien de tu edad y que vive cerca de ti" (hice taaaaaaanto caso, ya leerán o ya lo saben); La tercera fue un baterista que tiene su etiqueta aquí, porque era el ÉL cuando recién hice el blog, sobre todo porque yo no quería dejarlo ir (no hagan eso, si ya no funciona acepten las cosas y ya); y la cuarta y última, se me está ocurriendo que se relaciona con mi miedo a apendejarme otra vez pero... ya llegaremos a esa historia.

En fin.
Haciendo memoria resulta que cuando me cambié de casa, estaba más ocupada pensando en las poquitas clases que faltaban, en que mis compañeros eran odiosas la mayoría, pero sobre todo: ya casi volvía a ver a Me Apendeja. Ya casi me iba a poder dar los mil abrazos y mil besos. Ya casi.

Por esos días estuve pensando MUCHO en mandar todo a la chingada, ¿Qué necesidad de estar pasando fríos, aguantando a tanta pinche vieja y soportando mil nostalgias?. No lo hice y algo de responsabilidad tiene Me Apendeja. (fue la única vez que lo pensé tan fuerte, hubo una vez con menos intensidad pero es asunto del post que sigue). Aunque también era el responsable de mis desvelos los días que no tenía tareas mil.

No me acuerdo cuánto tiempo estuve en esa casa antes de vacaciones, pero no pareció tan malo. Vivía mucha gente pero como en general era tiempo de exámenes finales pues cada quien su rollo.

(y volviendo, fue la parte "El lado oscuro del corazón" con Me Apendeja, saber que se necesitaba un segundo encuentro en persona y que eso no iba a pasar en unos meses... Pinche crueldad de ambos. El final de la historia -el de hace unos meses, aunque todo siga corriendo...- es igualito a la segunda parte de esa película)

Al volver fue cuando se sintió la cantidad de personas que vivían ahí, tantas que nunca conocí a todas. Más pinches viejas con cada humorcito y sintiéndose peor que la última coca del desierto, pffft. La verdad que ahí lo chilo era la ubicación y la terraza, nomas. Compartir el poco espacio no, las fugas de gas menos, que siempre había quién ensuciara las cosas y pocas veces alguien que limpiara.

Todavía no decido si lo peor de todo era la dueña de la casa, o el asunto de los pagos, o la combinación de ambas cosas. Resulta que si algo fallaba en la casa, era casi imposible encontrar a la señora; y si se aparecía no hacía nada fuera del círculo vicioso de No pagamos porque todo falla, todo falla porque no hay dinero. 

Eso sí, el día que te tocaba pagar tu parte de la renta y servicios, ¿o iban incluidos? ahí sí la veías a las 7 de la mañana cobrando. Cuando no podía ir a esa hora y sabía que no ibas a estar, recibías un "deja el dinero con tal compañerita". Supongo que así de apendejada me tenía mi querido Me Apendeja porque no recuerdo haberme quejado lo suficiente, en su momento.

Llegaron otras vacaciones, los últimos días bonitos con Me Apendeja, las muchas lágrimas, las pataditas de ahogado, "Me Apendeja ha pasado de estar soltero a estar en una relación"  o "el The Heartache más feo que he sentido", y conocer a "No te Duermas", mi "no sé si de verdad siento algo o...".

Todo para terminar en que no se puede compartir el espacio con tantas personas si estás pensando en compartir tu todo con alguien.  Luego se fue la luz, por el círculo vicioso que ya dije, entonces me harté, busqué casa nueva, la encontré, empaque casi en tiempo record y me fui. De pasada, tb me fui a Guadalajara, pero ya otro día escribiré lo que sigue.

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