martes, marzo 27

Why



¿Sabes que me gusta de ti? Me gusta la forma que se arruga tu nariz cuando me mientes y me dices que sí me quieres… ¡y luego vas con otros! Sabes qué más odio de ti? Dices que te gusto, ¡luego pasas de mi!... estoy desahuciado y no lo notas uh, baby!


Cliché juvenil número mil: extraños que se conocen en una fiesta y se enamoran.

Cuando no puedes gritar tus frustraciones, mejor bebértelas y rogar que las malditas no tengan la buena idea de aprender a nadar.

Cuando llegas al bar predilecto para tus depresiones, sólo vez a 3 parejas en las distintas mesas. Típico que te duele el corazón y sale el destino con sus cosas. De igual manera, te gusta más la barra. Esa que está casi vacía, con una excepción.

Te sientas en el banco enseguida al suyo, pero no empiezas a hablar. Pides una cuba libre, él bebe cerveza y todo indica que no va comenzando. Una copa, dos copas, tres copas y valor. Te volteas a verlo, sonríes más por educación que para tratar de engatusarlo, -Pues, salud por los que bebemos solos ¿no?

-¡Salud! – Tu vaso y su botella chocan. Te das cuenta que tomas más rápido que él. ¿Qué más da? Como si a alguien le importara lo que ella hace.

Se suponía que había quién se preocupara por ella. Se verían esa noche y se siente tan tonta, y humillada, del patético mensaje enviado  “tengo muchas ganas de verte ya! Y :$ te vi hace… 3 horas?”. Eso la hace sentir tonta, pero la respuesta hace que le den ganas de llorar. ¿Qué pudo pasar en unas cuantas horas para que alguien no sólo no quiera verte, sino que ya no te quiera? ¡Qué alguien le explique por favor! No tiene el más mínimo sentido.

La primera vez que te rompen el corazón, no vas a un bar. Te refugias con amigos a quienes preguntarles todo eso. No tienen las respuestas, porque las preguntas no son para ellos, pero al menos hacen todo más llevadero. Para terminar en un bar, -Tu costumbre es tener el corazón roto.


La parte más consciente de tu mente da gracias que el tipo tenga sentido del humor-Simplemente me sucede. Me enamoro de la equivocada.

-Una y otra vez,-“igual que hago yo”- es tu costumbre –“que costumbres más pinches”, - ¿Fue culpa tuya?

-No.

-Siempre es de nosotras. Lo digo enserio. –Tiene un único motivo para considerar sospechosa de su corazón roto a otra mujer. Es bien curioso, pero en igual medida entendible, que en el mes que tienen de conocerse, “¿a penas un mes?” nunca se haya preocupado por preguntarle por exnovias… o lo que sean.

A Gerardo, su amigo en común y quien los presentó, sí le preguntó. Platica que hace uno mientras espera le sirvan la comida que ha ordenado. –y… ¿Jorge no te ha dicho nada?... digo de mí…

-Jaja, ay Marissa ¿de verdad serás una de esas tipas?

-¡No!.. Bueno… yo que sé, igual y… aparte, tú nos presentaste. Lógica dice tú sabes que onda. –mira alrededor, como esperando al mesero que sabe no llegará por otros 5 minutos, o mas. Pero no, lo hace para no ver a Gerardo.

-Pues no, pequeña, no lo sé.

Es voltear la cabeza rápidamente y es casi gritar-¿No te ha dicho nada?

Gerardo es un cabrón que se ríe de la reacción tan violenta, tan encubriendo un corazón apachurrado -Pero no te pongas triste, él así es. -¡Qué buen timing el del mesero, llegar cuando ambos necesitad un alivio a las diferentes tenciones!- No habla de esas cosas. De hecho lo de Emma lo supe por terceras personas.

-Ah. Uhm. -¿Emma, quién putas es Emma? ¿Qué pedo? La vocecita en su cabeza prende una luz roja, parpadeante.

-¿No sabes de Emma?

-¿Tengo cara de saber?

-Bueno, es de la bola de amigos que crecimos juntos. Alguien me contó que Jorge estaba enamoradísimo mal plan de ella, y que no hace mucho le confesó su amor.

-¿cuánto es mucho? –de no estar tan centrados en la plática, a ambos les hubiese parecido sospechoso todo el tiempo que tardó el mesero en hacer su trabajo.

-… no sé, antes de conocerte sin duda, no sé qué tanto antes.

-Uhm… ¿y luego qué? ¿Estoy quedando con un guey que tiene novia?

-No. Supe que ella… es raro, le dijo que sí pero no. Que tenía asuntos que arreglar, me imagino cuáles… entonces… le pidió tiempo para aclararse.

-Uhm…

-¡Marissa y su uhm! Pues nada, yo no la he visto. Creo que ellos no se han visto. Seguramente todo terminó o no estaría tonteando contigo.

-¿Qué tal que solamente está tonteando y yo soy la idiota que se dejó llevar más de la cuenta?

-Neeeh, él no es así. Confía.

“Esto me gano por confiada. Nadie en la historia de la humanidad ha sacado algo bueno de confiar en otra persona”.

--¿Por qué estás aquí?

Casi, casi que se había olvidado de… del guey que se enamora de las equivocadas. Suspira. Voltea no sólo su rostro sino todo su cuerpo hacia el desconocido. Suspira. Un trago. Suspira. Estira el brazo y le acaricia el cabello. –Por lo mismo.

Ella nunca habla del dolor de corazón actual. Siempre dice el anterior, ese que ya sanó y cuya cicatriz no sangra al ponerle el dedo encima.

-Nunca lo estuvimos. Por eso te digo que siempre es culpa de las mujeres. –Bajar el tono de voz es deliberado, porque entre el alcohol y el corazón roto estás comenzando a tener ideas… ideas– Cuando estás quedando con alguien, y tu impulso de cercanía te lleva a acostarse con otra persona siendo que todos se conocen y pecan de comunicativos…

-Muy malo.

Te volteas de frente a la barra. Sabes que eso, la verdad, basta para que piense… ideas que tú tienes. Podría decirse, le has dejado la pelota y que él sepa si se queda o se va o se ilusiona.

Piden ambos un trago más. -Tú no sueles venir aquí.

-¿Pasas mucho tiempo aquí?

Se siente tentada a contestar que sólo lo hace cuando se siente triste. Que esta noche estaba destinada a salir con su nuevo dolor de corazón, que hace una hora todavía ni dolía. Todo se fue al carajo de una manera muy extraña, ¡y por mensaje de texto!.

Las palabras danzan en su mente “Marissa… lo siento… no…  no siento lo mismo que tú”.  Después, un mensaje pidiendo explicaciones hasta el momento no respondidas. Llamadas que se van al buzón. Luego, beber, beber y beber. Sola de preferencia.

Mejor sola que mal acompañada. Mejor incendiándose, como le sucede con este tipo cuyo nombre desconoce, que ahogándose a mitad del mar.

Cliché juvenil número mil y uno: extraños que se conocen en un bar y se enamoran.  Ok, no, enamorarse no. Aunque sea de humanos cometer errores y, en ocasiones, tropezarse con la misma piedra dos veces, ella no tiene ninguna necesidad de volver a enamorarse pronto.

Tanto mejor si nunca lo volviese a hacer pero se conoce y sabe que siempre cae. Tiene problemas del tipo “no quiero estar sola” combinado con “tengo mucho cariño para dar”.

Y si eso de conocer a alguien, de vista y nombre, para luego salir y empezar a conocerse, ahora sí de verdad, terminó en ella con el corazón roto ¿qué puede esperar de un desconocido que bebé solo en la barra del bar más triste del mundo?

Puede esperar… Mejor no esperar nada, no ilusionarse. Parece haber consenso sobre lo horrible que es cuando te ilusionan en vano. Parece, pero si de verdad todos pensasen eso, entonces no ocurriera.

 -Un ex novio trabaja cerca, yo aquí lo esperaba... Costumbres. Se rompe más fácil un corazón.

-¡Salud por eso!

Le sonríe al desconocido. Le gusta. No es guapo, la verdad que no lo es. Pero es agradable. Y esta herido. Es de mala educación no ayudar a alguien herido. Al fin de cuentas, no pasa nada por un beso. Se lame los labios, termina su trago y se produce una sincronización entre que baja el vaso y el desconocido le da un beso.

No pasa nada por un beso, pero de preferencia que valga la pena. Que haya mucha lengua y algunas mordidas; que falté el amor si gustan los involucrados, pero no la pasión. Las manos que tampoco se detengan, aunque no pasen los límites permitidos por estar en un lugar público.

Al final del beso, ya no hay pretexto para seguir pretendiendo que beber y besarse es todo lo que harán esa noche.

--fin,  ¿Por ahora?
Amor odio 18
Canción Why de She’s a tease. Tell me why does your love hurt so much?!?!

Ok aquí sí quedó claro, espero, que esto fue trilogía. La trilogía de los tríos… que se forman con sólo cinco jugadores. También, trilogía de las tres pinches viejas locas. ¿Qué carajo neta? Viejas, nunca sabemos qué pinche madres queremos y siempre hacemos nuestro desmadrito u.u apoyado por ustedes, putos perros todos u.u

Pinches putos seres humanos, o algo.

Linkeó las otras partes:  (Amor odio 15) Incendios y (Amor Odio 17) Naufrago.



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