martes, marzo 13

Come Catch me


Cuando terminó su relación última, se pasó un día entero en su cama haciendo nada. El siguiente, comió más galletas de las apropiadas para una persona en espacio de una semana. Todo el tiempo lloró y repasó las cosas que habían salido mal vs. Las alegrías experimentadas.

No tenía caso pero un corazón roto suele no pensar con claridad. Tampoco piensa bien una mente sobre cargada de trabajos y problemas familiares. 

Sí, será esa su excusa de por qué volvió a ocurrir. El enamoramiento, no lo del corazón en pedacitos envenenados. (No todavía).

Se conocen un día, gracias a un amigo en común de ambos. No los presentó ni tenía la intención de emparejarlos, fue de esas cosas que suceden y se vuelven malas historias (o buenas historias, dependiendo quién vea).

Cuando vuelve a darse un encuentro, ella pretende no verlo para así poner a prueba si él la recuerda. (Y sí). No platican fuera de las cordialidades de ese tipo de situaciones. Lo curioso, bastó con tan poco para los amigos acompañantes darse cuenta de algo que ninguno quería admitir.

Quien sabe cómo pero pasaron de eso a hablar todos los días. (De nada, principalmente).
Agente externo diría “se la pasaban buscando gustos o historias en común”. (Sí había y muchas). Mas eso no significaba nada. Que sintieran una especie de inconformidad cuando no se veían, sentirse raros cuando no hablaban, silencios no incómodos cuando sí. Obviamente todo eso no tenía alguna razón de ser. No, ahí nadie estaba enamorado.

(Excepto, ambos).

Nunca lo dicen. Así mejor “para que nada nos separe, que nada nos una”. (El inventor de esa frase era un genio, o un masoquista).

Un día están demasiado cerca para ser amigos, demasiado lejos para ser un incendio. Nervios, todos los del mundo. Pero ahí no pasaba nada. Nada. Pláticas sobre nada (y, colándose por los espacios sin guardia, historias de vida). Risas por nada (y por nervios). Silencios en los que debió haber besos. ¡Qué bueno que no hubo besos! (¿qué bueno que no hubo besos?)

“hay que huir, nada bueno puede salir de dejarse llevar por el mar de la melosidad… nada bueno ha salido nunca” dice la vocecita en su cabeza. La ignora. “No hay motivos para que sea esta la excepción. (La química, los nervios y los amigos que miran y platican entre ellos “ese arroz ya se cosió”; todo eso no significa nada al final de cuentas)”

Cuando terminó su relación última, perdió dos días de su vida pensando “no quiero pasar por esto otra vez”. 

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