lunes, febrero 20

Quererte en la oscuridad



Tu parte racional dice no lo hagas; tu parte humana, sigue. Tontos dilemas. Deberías estar concentrado en besarla  y acariciarla de la manera que te lo está pidiendo.

-Alice. –El descanso lo buscas tú, no le agrada. Se pone a darte besos alrededor de los labios y a jugar con los botones de tu camisa. Aah-liiiis. ¿Ibas a decir algo?

-Él (y un beso) está (otro beso) lejos. Más besos, más lengua, una mano que te acaricia por encima del pantalón. Pausa para mirarse a los ojos; no para pedir permiso, sí para asegurar quiere hacer lo que sigue. 

Para ti, para su amor Demian, para todos, ella siempre ha estado envuelta en un brillo de inocencia. Quizá se deba a la edad que tenía cuando la conocieron, (¿14? ¿15? ¿13?) Esa edad tendrá por siempre, como una hermanita a quien proteger de los peligros (y los hombres) del mundo.

No lo piensas mucho, pero intuyes que Demian no te aprobaría que ahora seas tú lanzándote sobre ella. Un beso que abarca toda la boca y que no pide permiso. Que muerde un poco y lame un mucho, la lengua acaricia los labios deseando entrar. Tus manos se pasean por su espalda antes de cambiar estrategia y pasar al frente. Nunca ha sido de curvas, pero se cuida y se antoja.

Te muerde, eso es nuevo para ti. Te quita el cinturón, baja el cierre y pronto le sigue el pantalón (con todo y boxers). Ella solita se quita el vestido negro de la noche anterior, demasiado escotado y corto, de hecho has pasado la noche espantándole zopilotes.

Te besa de nuevo. Va lamiéndote la piel y dando pellizcos. Juega un poco con sus pechos y tu verga. Después de eso, lengua. Por todo lo largo. Lamiendo y haciendo pequeños círculos. Das gracias que no muerda. Chupa, eso sí. Con ganas. Crees que por fin entiendes eso de anfibia y entonces deja de hacerlo todo. Se retira un poco, te mira y sonríe.

Baja de nuevo, mete a su boca tu cabecita ya goteante. La besa de lengüita al mismo tiempo que chupa mientras que una de sus manos te acaricia los huevos. Gimes y eso parece motivarla a metérselo todo a la boca. Notas los leves movimientos de su lengua, la succión y la presión que ejerce. Ahora gritas, ahora sí entiendes por qué anfibia. Palpitas expectante, saboreando lo que vendrá, el momento de abrirte paso entre el par de labios aun desconocidos.

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Estás solo en la cama cuando te despiertas. Alivio pensar “todo ha sido un sueño”. Te levantas dispuesto a empezar otro aburrido domingo con un buen desayuno, entonces ves su vestido en el suelo –Madres.

Todo te da miedo de repente. Si fue un acierto, un error, culpa del alcohol, las drogas, su cualidad de lolita. No te atreves siquiera a pensar qué pasaría si de ti se enamorase. No. No y no.

Sales del cuarto, la vez de espaldas, usando tu camisa de Pink Floyd, sus medias de liguero (aunque sin ligas), descalza y hablando por teléfono.

Alice voltea a verte, sonriendo. –Ah mira ya despertó, ¿te lo paso?... Ok amor, te amo, ¡te amo!

¿Pánico? Un poco. Eso es lo otro, miedo de que Demian se enteré, la perdone como le perdona todos los berrinches (¿eso fuiste?) y a ti te mate.  Te da el teléfono y lo observas como si jamás hubiesen usado uno. Hace un ruido para indicarte que llevas mucho tiempo callado y es larga distancia –Hola…  Todo  bien… sí, tan buena tu novia ¿son novios?... ah, perdón. Pensé…. sí… sí, yo la cuido en tu nombre.
****fin
Capitulo 7 – Quererte en la oscuridad
Alice, Demian, el amigo… todos personajes antiguos que comencé a escribir el día que “alguien” cumplió 27 años. Ya llovió un poquito. “Necesitan” saber (de todo lo que les he escrito) que se atrajeron desde siempre pero ¡oh, las edades! Y la novia de él. Misma que una noche antes de él viajar a ¿Italia? Les grita que dejen de fingir otra cosa. Luego sucede algo muy al estilo “y sólo un día, lo sé, tengo para perderme en ti”. No se hacen novios ya que alguno de los dos, o ambos, piensa que sería cruel obligar la espera.
Y esto fue, Amor-Odio número 14.

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