domingo, septiembre 11

Violeta Madrugada

Violeta Madrugada
Has dado mil vueltas en tu habitación, no llevas la cuenta pero lo sabes, lo sientes, te sientes recorriendo el mismo camino una y otra vez. Tratas de engañarte yendo a la cocina, pero no tienes hambre y lo sabes. Sólo necesitas hacer algo, lo que sea.

Piensas que es una pena llevar una vida tan limpia si igual acabaras sufriendo el síndrome de abstinencia. “Lo que necesito es salir de aquí”. Pero no puedes porque son casi las tres de la mañana y no conoces a nadie que pueda estar lo suficientemente sobrio como para que pasé por tí y te lleve a algún lugar. Segundo impedimento: no tienes realmente a dónde ir. Solo quieres distraerte, “ojala no fuera tan nena y no me importará salir de aquí corriendo a cualquier hora”.

Para una vez que necesitas salir solo con amigas, “¿Sólo con amigas? Podría ser la única mujer en un grupo de hombre y no me importaría. Me importa no poder salir de aquí y no haber salido más temprano porque todos, ¡Putos todos y sus parejas”. Te parecería hasta lindo, excepto que no estás lista para ver a las parejas ser felices y “darse besitos, y abrazos y compartiendo bromas estúpidas”. Tratas sin exito, como todo lo que has intentado esta noche, de ignorar el hecho de que hasta unos días atrás tú eras exactamente así.

Recuerdos vienen a tí cuando menos los pides. Todo se vale, una palabra que él también dijo; una comida que hayan compartido; canciones que se hayan dedicado, o criticado, o compartido. Todo se vale para recordarte que ya no lo tienes. Que ya no formas parte de una pareja “y quién iba a pensar que yo lo necesitaba tanto”.

Una vuelta más, un sorbo a un vaso de jugo que no recuerdas haber servido, otra vez la idea de que seguramente así se comporta una persona en proceso de desintoxicación. Admites que tu síndrome de abstinencia no es tan grande ni tan dañino como el que tendrías por dejar “...¿la cocaína?, eso podría ser algo fuerte, supongo”, pero de todas maneras no consigues superarlo.

Algo tienes que hacer y no se te ocurre nada mejor que conectarte a msn. Porque seguro habrá alguien para platicar de cosas que no te recuerden al idiota de tu ex novio. Excepto que “el único conectado es el idiota de mi ex”.

Ni siquiera necesitas que te hable, con solo ver el aviso de que se ha conectado basta. Es suficiente para que des vueltas en tu cama. Pongas música. Quites la música. Busques una película que ver. No prestes atención. ¿Por qué? Porque estás ocupada viendo tu lista de contactos. No piensas hablarle pero hay algo en saber que podría(n) decirte(se) algo, que hace que tu cabeza se pierda tratando de encontrar el motivo específico para la falta de saludo. A cualquier otra hora del día pensarías que está ocupado, pero “¡¿Qué podría estar haciendo a las 3 de la mañana por Dios?!”.

Te sudan las manos y eso que hace frío. Bebes jugo que no necesitas. Tienes música que no escuchas. Piensas en él, en que lo extrañas y en que todo esto es tan patético, que mejor sería ahorrártelo. Solo que no puedes porque él sigue ahí y ya no lo soportas más. Por hacer algo, comienzas a escribir la historia de esta noche. Cómo no lo quieres pensar, y lo mucho que no puedes evitarlo. Parte de ti aún espera un saludo. Parte de ti recuerda que tienes que escribir como si todo esto no te estuviese pasando a ti.

---fin

Hasta me parece qe lo escribí ayer. Pero no, escrito hace 3 exLQHS, para alguno de ellos. Alguno de ellos 3. Mejor ni pregunten cómo se marca en un calendario "hace 3 exLQHS"

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