viernes, junio 17

Worlds Apart & Worlds Collide

Ya sabes, mis nostalgias. En realidad no las sabes, no te las comparto. Me gustaría hacerlo pero no me queda confianza en el mundo. Te puedo compartir risas al momento y lágrimas que ya secaron. Mis nostalgias no, esas me las quedo yo. Las he dado antes, a personas que sentí estarían eternamente cerca. Personas que se han ido, que “siento que te pierdo”. Son muchos Los extraños ya que llevan mis nostalgias en sus manos, o quizá las tiran en el primer lugar saliendo de esta cueva. Puede ser. No siento que les importen lo suficiente como para conservarlas. Extraños. Nostalgias.

Es mi cuatrimestre de extrañar, de nostalgear. A algunos los suelto, y entonces me agarran. Luego me sueltan y yo lo agarro. Así funcionamos, aunque ustedes no nos entiendan. Yo acabo de recordar que El pájaro rompe el cascarón...

A otros les lanzo hilos con llaves amarradas en un extremo, que sepan que hay puentes abiertos. No los ven. ¿No les importa? Han olvidado cómo meter la llave, puede ser. O No les importa. Yo siento que los pierdo, me pongo a lanzar señales y no hay respuesta. No hay nada.

Un tercer grupo con el que menos comparto nostalgias. Pero que me hace feliz. Es como ir por la calle, solo, y acercarte a un grupo de personas nomas para sentir que la realidad es otra. Paraísos artificiales, soy fantz. A veces se vuelven reales, o imitan muy bien la realidad. Me sirve, para tener compañía, para no tristear tanto.

Alguien una vez me dijo “por eso yo no tristeo (con la música), mejor viajo”. Contesté que así soy yo, yo tristeo (muchas veces no es algo malo. Son más nostalgias y extraños, ajá, pero los puedo controlar). Es algo que viene de fábrica. De fábrica o que se ha formado a base de chingadazos. Soy de las que se estrellan. Bien lo dice una de mis canciones (Dixie, de Dld) “y vuelas libre a donde tu mente lo pide, no más dolor de rodillas, no tienes que disimular esta vez... hoy vas cobrar puro amor... Pero es mentira... todo es un sueño, todo es tan falso, todo es tan frívolo...”

Muchas, muchas caídas. Me levanto, siempre con ayuda que a veces ni se entera. Antes cuando estaba en el suelo, yo misma me daba pataditas. No soy fantz de ivie, para nada. Han tenido que llegar (e irse) muchas personas para que yo dejara de pegarme (tanto).

Los extraños, los fantasmas, son los que saben qué cara pongo cuando quiero un abrazo, qué palabras uso. Me escuchan y no dicen nada, no mueven un dedo. Algunos regresan un día, como si nunca se hubieran ido y me confortan. Repito el nombre del juego: Te suelto para que me agarres. Los que no hacen nada un día me reclamaran la ausencia; eso espero porque el día que no lo hagan confirmaré que no les interesa. Algunos extraños con los labios rotos, se acercan sin miedo pero midiendo mi reacción. “¿Te puedo tomar la mano, acariciar la rodilla, abrazar y decirte que las cosas serán mejor (que no es igual a excelentes, sólo mejor) la próxima vez?” Si me quedo estática, si ronroneo, si abrazo también yo. Ir viendo los límites, supongo que eso hice con aquellos que tomaron mis nostalgias sólo para hacerlas más grandes.

Siempre he dicho que no se mantener amistades.También he mencionado que amistades me destrozaría perder. Luego pasan cosas y yo siento, vivo, temo, el poder de las palabras.

me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí. --- Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Sabines.

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