martes, abril 26

Black

Black
Querer mucho hace daño. Lo peor es que lo aprendemos a la mala.
Somos seres humanos, es imposible que no sintamos cosas. Es eso, junto con la capacidad para razonar, lo que nos distingue de los animales.
Hablamos de sentimientos de amor y odio. Amor, tan fácil de sentirlo y tan difícil de explicarlo. A pesar de que la mayoría nos entendería. Supongo que a todos nos ha pasado que confesamos querer a alguien, y no falta el amigo que empieza a cuestionarnos por qué esa atracción. Todas esas preguntas a pesar de ya saber que nadie puede responderlas sin pensar mucho tiempo la respuesta, o sin destilar  pendejez extrema.

A veces ese amor es correspondido. Nos arriesgamos a decirle a esa persona lo mucho que la querernos, y mientras lo hacemos no dejamos de pensar “¿Por qué hago esto? ¡Qué necesidad, para qué tanto problema!” Entonces el objeto de nuestro afecto nos sorprende diciendo que comparte nuestro sentir.
En ese momento el mundo deja de tener sentido. Para bien, especialmente si pasamos meses esperando para estar con la persona. No podemos creer que por fin la tengamos como siempre quisimos. Ya no tenemos que disimular palabras de amor. Ya podemos hablarle a cualquier hora sobre cualquier cosa, ya que a nosotros nos hacen lo mismo e incluso son ellos los culpables de que nos desvelemos y nos sea poco menos que improbable llegar a tiempo a la primera clase del día siguiente.

Es todo muy bonito y es difícil no caer en la estupidez. Bueno, para el enamorado no es ninguna tontería, ya que todo lo hace por amor. Únicamente visto desde fuera es que no se comprenden las actitudes que toman los amorosos. Si nos damos cuenta, nosotros, los enamorados, los apendejados; es sólo después de terminada la relación.

Terminar una relación es difícil. A nadie le gusta perder amores, menos cuando solían ser buenos amigos y ahora no se sabe ni cuándo está bien hablarle y cuándo se acabó el horario, y los temas, aptos para amigos.
Inevitable sentir que la culpa la tiene el otro, porque uno sigue sintiendo lo mismo cada que lo ve. Sigue queriendo y no está listo para sacarlo de su corazón.

Superarlo toma tiempo.  No hay fórmula mágica la verdad. Por mi parte, no me queda más que recordar que uno no elige a quién querer, y, por eso, si el objeto de mi afecto no siente lo mismo no es su culpa. No es culpa de nadie.
---fin---

Trabajo para el segundo cuatrimestre, y segunda profesora, de Lectura y redacción. Cada clase había que entregar un YO. Cualquier cosa, un cuento, el relato de tu día anterior, un sueño, catarsis. Lo que fuese. ¿YO? Escribo para hacer catarsis...
Nota, de mi profesora, al pie:
Sería la perfecta introducción a la antología de Amor-Odio que entregaste en esta materia.
Aquí estamos pues, publiquemos esa antología ¿Cada cuánto? No sé. ¿Qué relatos? Dos de los que “mencionó” mi profesora; unos que tenía arrumbados en mi computadora, esperando ser algo más y que sólo para esto dan el ancho. Y los que se acumulen, los que vayan saliendo, los que pidan (si piden post ¿por qué no relatos :P?). ¿Alguna etiqueta? Pues esa, Amor-Odio. 

Actualizado en 2012: post relacionado

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